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Full text of "En la sombra : drama en un acto y en verso"

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Los  derechos  de  publicación  de  esta 
obra,  son  de  exclusiva  propiedad  de  la  ca- 
sa editora  José  González  y  Cía.  Corrientes 
1361,  correspondiendo  los  de  representa- 
ción al  autor. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la 
ley— Buenos  Aires  Mayo  de  1914. 


EN  LA  SOMBRA 

*  Drama  en  un  acto  y  en  Verso 

Original  de 
CHIRLOS  ROXLO 


(Representado  por  primera  vez  en  ei  Teatro  Argentino 
en  Junio  de  1890  y  vuelto  a  representar  en  el  Teatro 
Nacional  en  Abril  de  1914.) 


DEDICATORIA 

ra 

ios  señorees 

Mariano  Galé  y  Arsenio  Mary 


su  agradecido 
C.  I^OXLO 


REPARTO 


a  — ^ 


PERSONAJES  ACTORES 

189Q  1914 

María   Sra.  Espinosa  Sra.  Quiroga 

Jaime   Sr.    M.  Galé  Sr.    A.  Mary 

Blási   »     Díaz  »  Alippi 

Ernesto  ........      »     Ocampo  »  Conpscinto 

El  Doctor  ....... .      »      Martínez  »  Escarcela 


675105 


Drama  en  un  aoto  y  en  verso 
Original  de 

CARLOS  ROXLO 

(Representado  por  primera  vez  en  el  Teatro  Ar- 
gentino en  Junio  de  1896  y  vuelto  a  representar 
en  el  Teatro  Nacional  en  Abril  de  1914.) 

Esta  obra,  vuelta  á  representar,  sin  yo  saberlo,  casi 
á  los  cuatro  lustros  de  haber  reñido  victoriosamente  su 
primer  batalla,  paréceme  que  vale  muy  poca  cosa  co- 
mo labor  de  ritmo  y  labor  de  escena. 

Resuelvo  imprimirla:  en  primer  lugar,  por  que  nun- 
ca les  negaré  á  mis  hijos  intelectuales  el  derecho  que 
tienen  á  llevar  mi  nombre;  y  en  segundo  lugar,  á  fin 
de  que  se  salven  los  errores  de  que  pudieran  adolecer  las 
copias  que  se  han  hecho,  ó  que  se  hicieren,  del  texto 
original. 

De  todos  modos,  grande  es  mi  gratitud  para  los  ar- 
tistas que  la  representaron  por  vez  primera;  para  los 
actores  que  la  están  exhumando  tan  admirablemente  en 
la  actualidad;  y  para  el  público  de  Buenos  Aires,  que 
tuvo  la  complacencia  de  aplaudirla  en  1896  y  la  cor- 
tesía de  no  silbarla  en  1914, 


Abril  26. 


CARLOS  ROXLO. 


-  5  — 


ACTO  UNICO 

Taller  de  pintor. — Cuadros,  estatuas,  panoplias,  etc. 
— Puerta  y  ventana  en  el  foro. — Puertas  laterales  con 
amplias  colgaduras. — <En  el  centro  una  mesa. — Sobre 
la  mesa  el  canastillo  de  costura  de  María. — Un  si- 
llón junto  á  la  mesa. — 'Anochece. — Epoca  actual. 

ESCENA  PRIMERA 

Jaime  y  María  (en  la  ventana) 

María        Lenta  la  tarde  declina 
entre  franjas  de  carmín, 
y  flotan  sobre  el  jardín 
los  flecos  de  la  neblina ; 
hay  ruidos  en  la  cortina 
del  ramaje  cimbrador, 
y  como  un  beso  de  amor 
de  las  plantas  á  la  noche, 
su  aroma  destila  el  broche  ■  • 

purpúreo  de  cada  flor. 

Jaime        Vuele  la  no'che  callada 

por  la  inmensidad  tranquila ; 
no  distingue  mi  pupila 
la  tarde  de  la  alborada : 
y  aunque  llevo  en  la  mirada 
de  las  sombras  el  crespón, 
mientras  me  acaricie  el  son 
de  tu  voz  hechizadora, 
todo  el  brillo  de  la  aurora 
llenará  mi  corazón. 
¡  Trepad,  tinieblas  y  hielos, 
por  los  troncos  del  jardín! 
;  Anchas  cintas  de  carmín, 
no  importunéis  á  los  cielos ! 
¡  Entolde  con  triples  velos 
una  obscuridad  sombría 
los  ojos  de  mi  María, 


para  que,  trémula  y  loca, 

venga  á  beber  en  mi  boca 

los  resplandores  del  día ! 
María        Cuando  se  apagan  las  teas 

azules  del  firmamento, 

¡  algo  más  frío  que  el  viento 

pasa  sobre  las  ideas ! 
Jaime        ¿Eso  dices?  No  lo  creas, 

no  lo  creas,  no  es  verdad; 

■la  mayor  oscuridad, 

la  mía,  la  de  mis  sombras, 

yo  sé  que  cuando  me  nombras 

se  llena  de  claridad. 

¡Astro  que  alumbras  mi  frente 

con  tu  más  dulce  calor, 

yo  te  digo  que  es  mejor 

ser  foco  que  recipiente ! 

{ La  noche  más  inclemente 

nuestro  ensueño  la  ilumina, 

como  rasga  la  neblina 

más  confusa  y  más  opaca, 

el  faro  que  se  destaca 

sobre  una  roca  marina] 

(Pausa — Jaime,  apoyado  en  María,  va  á  sen- 
tarse en  el  sillón  que  está  junto  á  la  mesa. 

María,  sentada  al  lado  suyo,  se  pone  á  coser 

una  prenda  de  niño). 
María        Ha  de  ser  desesperado 

vivir  en  sombras,  sin  luz. 
Jaime        Es  beneficio  y  no  cruz 

ser  ciego  y  sentirse  amado. 

¡  Si  tu  semblante  adorado 

mis  ojos  no  pueden  ver, 

en  cambio  tengo  tu  ser, 

de  carne  limpio  alhelí, 

siempre  muy  cerca  de  mí 

para  ayudarme  á  mover ! 

;  Tu  me  pintas  los  colores 

de  las  puestas  de  tisú, 


y  como  los  pintas  tú, 
yo  los  encuentro  mejores; 
para  soñar  con  las  flores 
marcho  de  tu  aliento  en  pos, 
que  donde  estamos  los  dos 
cuanto  existe  se  ireasume, 
y  hay  claridad,  hay  perfume, 
hay  primavera  y  hay  Diós  ! 

María        (¡turbada)  \  Calla,  Jaime  !  ¡  Si  supieras 

el  tormento  que  me  das  ! 
Taime        Quiero  que  me  quieras  más 

por  mucho  que  ya  me  quieras. 

¡  Mar  de  sombras  plañideras 

en  que  sin  rumbo  me  agito, 

y  horrible  foso  maldito 

en  que  han  clavado  mi  cruz, 

para  llenaros  de  luz 

muchos  cielos  necesito! 
María        ¡  Jaime  !  ¡  Jaime  ! 
Jaime  ¿Me  amas? 

María  ¡  Sí ! 

Jaime         ¡  Los  otros  te  ven,  yo  nó  ! 

¡  El  que  mis  ojos  cegó 

fué  muy  duro  para  mí ! 

í  Si  castigo  merecí 

otro  castigo  me  diera, 

que  por  muy  grande  que  fuera 

la  inmensidad  de  mi  error, 

fué  injusticia  superior 

no  dejarme  que  te  viera! 
María        ¡Me  da  miedo  tu  agonía! 

¡  Miedo  tu  angustia  me  dá  ! 
Jaime         {reprimiéndose)  Jaime  está  bien  donde  está 

la  sombra  de  su  María ! 
,  ¡  Guarde  para  otros  el  día 

sus  resplandores  más  bellos, 

y  envíe  el  sol  los  destellos 

que  deslumhran  ó  embelesan, 


-  8  — 


á  los  pobres  que  no  besan 
el  oro  de  tus  cabellos  ! 

(Pausa) 

Jaime        ¿Y  el  niño? 

María  Ya  se  durmió. 

Jaime        ¡  Dichosa  tú  que  le  ves  ! 

María        (distrayéndole)  ¡Si  vieras  qué  lindo  es 

¡  Mucho  más  lindo  que  yo  ! 
Jaime         (con  pasión)  Si  en  tus  entrañas  halló 

molde,  sustento  y  clausura, 

¿  cómo  extrañar,  mi  ventura, 

que  el  sol  de  nuestros  amores 

tenga  todos  los  primores 

de  tu  gentil  hermosura? 

í  Le  idolatro,  y  me  da  celos 

el  amor  que  le  prof  esas ! 

¡'Le  amo  más  cuando  no  besas 

de  sus  pupilas  los  cielos  1 

¡  Son  tan  lóbregos  los  velos 

que  me  impiden  contemplarte, 

y  es  tan  escasa  la  parte 

que  me  tocó  de  alegría, 

que  quisiera,  vida  mía, 

para  mí  solo  guardarte ! 
María        (emocionada)   ¡Mi  artista,  mi  soñador, 

que  bueno,  que  bueno  eres ! 
Jaime        Cuando  dices  que  me  quieres, 

me  olvido  de  mi  dolor; 

hasta  el  cielo  de  tu  amor 

no  sube  mi  noche  oscura, 

y  aunque  su  fría  negrura 

tiene  grandezas  de  mar, 

¡ es  poca  para  apagar 

el  fuego  de  mi  ternura ! 
María        ¿Y  si  mi  labio  mintiera? 

¿Si  engañase  mi  pasión? 
Jaime        ¡  No  despiertes  al  león  ! 

¡Déjale  en  su  madriguera!        * | 


-  9  - 


j  Arrulle  siempre  á  la  fiera 

de  tu  voz  la  melodía, 

que  si  se  despierta  un  día  * 

y  sola  se  alcanza  á  ver, 

puede  su  noche  extender 

sobre  tus  ojos,  María! 

ESCENA  SEGUNDA 
Dichos  y  Ernesto 

Ernesto      (saludando)  \  Felices  tardes,  pintor  ! 

\  Señora,  muy  buenas  tardes ! 
Jaime  (sombrío)  Buenas,  Ernesto. 
Ernesto  ¿Ya  estás 

hecho  un  Júpiter  de  jaspe? 
María        ¿Qué  ganas  con  tus  tristezas? 
Jaime        ¿Qué  gano  con  alegrarme? 

¡  Ulceras  del  corazón, 

si  á  la  superficie  salen, 

con  el  virus  que  destilan 

truecan  en  ponzoña  el  aire ! 
Ernesto      (á  María)  ¿  Siempre  lo  mismo? 
María  Lo  mismo: 

no  hay  modo  de  consolarle. 
Jaime        Siendo  tan  negra  mi  noche, 

no  comprendo  que  os  extrañe 

que  el  luto  que  hay  en  mi  alma 

le  preste  á  todo  su  traje. 

La  sombra  engendra  más  sombra, 

Todo  lo  desforme  nace 

de  la  obscuridad.  El  día 

puso  en  las  ramas  del  sauce 

lo  verde  de  su  esperanza 

y  el  ritmo  de  sus  cantares. 

¡  La  noche,  madre  del  buho, 

conoce  que  es  mala  madre, 

y  siempre  que  engendra,  llora 

sangre  de  su  mejor  sangre! 

¡  Por  eso  la  esculpió  en  mármol, 

muy  sombría,  Miguel  Angel  I 


-  10  - 


Eb  íESTO      ;  Xo  re  quejes!  ¡no  te  queje-' 
Te  dejaron,  al  cegarte, 
con  tus  ensueños  de  artista 
del  amor  la  claridades : 
;  una  vela  sobre  el  foque 
y  viento  para  el  velamen  ! 

Jaime         A  las  playas  de  la  dicha 
nunca  llegará  la  nave, 
qjte  está  la  noche  muy  negra 
y  está  el  puerto  muy  distante  ! 

Ernesto     Envidia  te  tienen  muchos. 

Jaime        Hacen  mal  en  envidiarme. 

;  Envidia?  ;á  quién?  ;  al  pintor? 

¡  Rota  la  paleta  yáce  ! 

¡  Desnudo  yace  el  modelo, 

sin  que  su  hermosura  empañes 

las  miradas  que  soñaron 

nacer  inmortal  lo  frágil ! 

¡  El  artista  se  ha  dormido  ! 

¡  Xo  lo  despertéis  !  ;  Dejadle  ! 

-Para  qué  turbar  su  sueño? 

;  Qué  le  diréis  cuando  os  hable 

de  los  verdores  que  tiemblan 

en  el  fondo  de  los  valles 

mientra-  cruza  las  cuchillas 

el  lucero  de  la  tarde  ? 

;  Qué  le  diréis  -  (Muchas  sombras' 

;  Siempre  sombras! 

María        (con  piedad)    ¡Calla.  Jaime! 

Jaime         ;A  quién  envidian?  ¿Al  hombre? 

¡  Los  que  me  envidian  no  saben 
que  el  amargor  más  amargo 
de  las  heces  de  mi  cáliz, 
es  acercarme  á  una  cuna, 
abrir  sus  blancos  cendales, 
y  encontrarme  con  la  noche 
donde  sé  que  duerme  un  ángel  ! 

Eenksto     Pero  el  esposo  


-  11  - 


Jaime 


Ernesto 

María 

Ernesto 

María 

Jaims 


Blas 


¡  El  esposo 
sufre  tanto  como  el  padre ! 
;  Tu  la  ves ;  yo  no  la  veo ! 
¡  Tu  puedes,  siendo  cobarde, 
defenderla  de  un  insulto 
y  vengarla  de  un  ultraje! 
Yo,  por  más  fuerte  que  sea, 
no  puedo  luchar  con  nadie, 
que  si  me  pide  socorro 
y  si  pretendo  prestársele, 
maniatado  por  mis  sombras, 
bien  sujeto  en  sus  cordajes, 
¿  dónde  iré  que  no  me  encuentre 
con  los  muros  de  mi  cárcel? 
Es  mía,  ¿verdad  que  es  mía? 
Pero  tú  ves  su  semblante 
y  conoces  en  sus  ojos 
el  cariño  ó  el  desaire; 
¡  en  cambio  yo,  siendo  mía, 
para  soñar  con  su  imagen, 
tengo  que  cruzar  cien  noches 
más  profundas  que  cien  mares ! 
¿Envidia?  Los  que  así  piensan 
tienen  la  envidia  muy  fácil, 
y  codician  mis  dolores 
por  el  placer  de  envidiarme. 
¿Envidia?....  ¿De  quién,  Dios  mío? 
¿De  quién? 

(aparte  á  María)  Necesito  hablarte, 
j  Ahora  no!  (id.  á  Ernesto) 

(id.)  ¿Cuándo? 

Esta  noche. 

¡  No  se  envidia  á  los  cadáveres ! 

ESCENA  TERCERA 

Dichos  y  Blas 
(mirando  á  Ernesto  y  María) 
(¡Siempre  juntos!)  ¿Cómo  vá 


la  salud  de  mi  pintor? 
Jaime        Me  encuentro  mucho  mejor, 
Ernesto     Pues  ninguno  lo  dirá. 
Jaime        ¿Por  qué? 

Ernesto  ¡Si  tienes  un  gesto 

y  hablas,  mi  Jáime,  de  un  modo ! 
Jaime   -     Perdona  si  no  acomodo 

mí  cara  á  tu  risa,  Ernesto. 

Siempre  que  se  oculta  el  día, 

siempre  que  la  noche  empieza, 

toda  la  naturaleza 

llora  de  melancolía. 

Me,  agobia  el  último  roce 

con  que  la  tarde  nos  hiere: 

i  mis  ojos  no  ven  que  muere, 

pero  el  alma  lo  conoce ! 

¿Y  mis  cuadros?  (á  Blas) 
Blas  (con  gozo)  Se  han  concluido, 

Jaime  ¿Bien? 

Blas  (con  orgullo)       ¡Los  he  vendido  yo! 

Ernesto     ¡  Entonces,  San  se  acabó  ! 

i  Cuando  tú  los  has  vendido ! 
Blas  ¿Te  estás  burlando  de  mí? 

Ernesto     ¿No  ves  lo  serio  que  estoy? 
Blas  Aunque  comerciante  soy, 

para  otra  cosa  nací. 

Siendo  yo  así  de  pequeño.... 
Ernesto     Cada  loco  con  su  tema. 
Blas  Ser  pintor  era  el  problema 

sonrosado  de  mi  sueño. 

Aliento  no  me  faltaba, 

que  lo  tuve  soberano; 

pero  esta  picara  mano 

siempre  mi  afán  traicionaba. 

Y  por  más  que  trabajase 

en  los  lienzos  que  teñía. 

nunca,  nunca  conseguía  ' 


-  13  - 


que  la  ingrata  se  enmendase. 
¡  Cuánto  mi  afán  me  costó ! 
¡  Cuánta  prueba  dolorosa  ! 
¡  Una  vez  pinté  una  rosa 
y  un  cardo  me  resultó ! 
¡  Parecía  mi  pincel 
un  de-lirio  de  pinceles ! 
¡  Eran  muy  buenos  pasteles 
mis  pinturas  al  pastel ! 
Así  he  aprendido  á  admirar 
lo  que  es  grande  y  es  hermoso : 
¡  yo  soy  un  pintor  famoso 
que  nunca  sabrá  pintar ! 
Me  hechizan  tintes  y  galas; 
no  hay  luz  que  no  me  deslumbre : 
¡  tengo  el  afán  de  la  cumbre, 
pero  me  faltan  las  alas ! 
Jaime         (con  éxtasis)  ¡La  ejecución!  ¡Realizar 
lo  que  el  numen  deja  ver, 
es  lo  mismo  que  querer 
sorberse  el  agua  del  mar ! 
¡  Por  bello  que  el  cuadro  sea, 
mucho  más  su  germen  vale  ! 
¡  No  hay  ejecución  que  iguale 
en  hermosura  á  la  idea ! 
¡  Os  parecerá  pequeño 
todo  lo  que  ejecutéis, 
siempre  que  lo  comparéis, 
artistas,  con  vuestros  ensueño ! 
Pasáis  del  sueño  á  la  acción, 
el  pincel  vibrando  vuela, 
y  al  fin ... .  ¡  trazáis  en  la  tela 
la  sombra  de  la  visión  ! 
¿Dónde. están  sus  ricas  galas? 
¿  Sus  colores  dónde  están  ? 
¡  En  el  lienzo  vuestro  afán 
puso  el  polvo  de  sus  alas ! 
¡Y  del  polvo  bajo  el  tul, 
que  no  podéis  descorrer, 
se  ha  quedado  sin  nacer 


/ 


-  14  - 


vuestra  mariposa  azul ! 
Blas  Algo  de  ese  mal  entiendo. 

Jaime        Nadie  os  copia,  ensueños  de  oro. 
Blas  Yo,  que  los  cuadros  adoro, 

ya  no  los  pinto,  los  vendo. 

Guardo  los  genuflexiones 

y  las  fiebres  de  laurel, 

para  el  ageno  pincel 

que  da  vida  á  mis  visiones. 

Sí  hallo  un  numen  superior, 

me  digo  con  alegría: 

¡  Eso  es  lo  que  yo  sería 

si  hubiese  sido  pintor ! 

Y  creo  en  mis  extravíos, 

cuando  doy  con  cuadros  buenos, 

que  aquellos  cuadros  ágenos, 

aunque  son  de  otro,  son  míos. 
Ernesto     ¡  Cómica  felicidad  ! 

¡Ser  tú  y  no  ser  tú  ! 
Blas  ¿Qué  quieres? 

Le  debo  muchos  placeres 

á  esa  extraña  dualidad. 

Donde  habrá  placer  que  iguale, 

ante  un  lienzo  superior, 

al  de  hallarle  un  comprador 

que  os  dé  lo  que  el  lienzo  vale, 

para  decirle  al  qwe  crea 

y  á  quien  turba  el  porvenir : 

¡  Ya  tienes  para  vivir  ! 

¡  Baja,  buzo  de  la  idea, 

al  mar  de  tu  corazón, 

y  tráenos  en  tus  pinceles 

lo  rojo  de  los  claveles 

del  huerto  de  la  ilusión! 

¡  Sube,  forzando  tu  vuelo, 

de  los  espacios  al  tul, 

y  roba  un  poco  de  azul 

á  la  túnica  del  cielo ! 
Ernesto     No  te  entiendo,  soñador. 
Jaímb        (riendo)  Siempre  formaron  mal  dú© 


-  15  — 


el  feo  silbo  del  buho 
y  el  canto  del  ruiseñor. 
Blas  (á  Ernesto)  ¿No  reclaman  las  fierezas 

de  la  multitud  sombría 
como  un  viento  de  poesía 
que  sanee  sus  pobrezas? 
Pues  abrid  de  la  ilusión 
el  palacio  de  cristal, 
donde  un  príncipe  imperial 
se  casa  con  Cendrillón. 
Dejad  al  que  está  sin  luz 
que  burlando  toda  ley, 
crea  que  le  han  hecho  rey 
de  los  tesoros  de  Ormuz. 
¡Por  qué  es  justicia  ejemplar 
que  el  que  nada  tiene,  venda 
diamantes  bajo  una  tienda 
de  la  fantástica  Hardwár ! 
(Pausa.  —  Jaime  se  levanta,  dirigiendo  los 
versos  que  siguen  á  los  cuadros  que  adornar, 
el  taller). 

Jaime        ¡  Cuadros  que  yo  concebí 

y  con  júbilo  pinté, 

ya  nunca  mirar  podré 

las  refulgencias  que  os  di? 

¡  Todo  el  teclado  sonoro 

de  los  colores  calló 

para  siempre ! 
Ernesto      (con  burla  velada)       Y  continuo 

la  luz  siendo  ríos  de  oro. 

Aún  es  verdoso  el  pensil 

y  es  azul  el  claro  cielo, 

vistiéndose  el  arroyuelo 

con  espumas  de  marfil. 

La  tarde  de  tintes  rojos 

con  antiguos  dramas  pienso, 

y  lo  negro. . . . 
Jaime  ¡  Esta  efe  la  inmensa 

oscuridad  de  mis  ojos  r 


—  16  - 


Blas  Artista,  sueños  y  rosas 

tienen  aciago  destino : 

¡  el  dolor  es  el  divino 

plenilunio  de  las  cosas ! 

Sueño,  que  en  ritmo  ó  color 

concluye  por  enflorar, 

nace  á  la  orilla  del  mar 

proceloso  del  dolor. 

i  Del  matiz  y  el  son  lo  joven 

debe  su  mágico  brillo 

á  un  sollozo  de  Murillo 

y  á  un  lamento  de  Beethoven ! 

(Pausa. — Jaime,  ayudado  por  María,  vuél- 
vese á  sentar). 
Ernesto     Me  marcho  para  volver; 

voy  en  busca  del  doctor. 
Blas  (aparte  á  Ernesto)    (Que  no  vuelvas  es 

mejor). 

Ernesto     (aparte  é  irónico)    Tengo  aquí  mucho  que 
hacer. 

Blas      '    (á  parte  y  con  ira)  (¡  Lo  que  estás  traman- 
do es  vil !). 

Ernesto  (con  mofa)  (¡  Bromas  de  los  maldicentes !) 
Blas  (viéndole  salir)  (¡Yo  le  arrancaré  los  dien- 

tes venenosos  al  reptil!) 
María       También  yo  vuelvo  en  seguida; 

voy  á  ver  lo  que  hace  el  niño. 
Jaime        Son  su  cuna  y  tu  cariño 

los  dos  soles  de  mi  vida. 

¡  Ve,  mi  bien,  corre  á  velar 

al  hijo  de  nuestro  amor, 

tú  que  eres  como  el  calor 

de  los  muros  de  mi  hogar ! 

ESCENA  CUARTA 


Blas 


\  Jaime  y  Blas 
Quiero  hablarte. 


-  17  - 


AIME 


Ya  te  escucho. 
No  sé  cómo  principiar. 
¿Vas  á  causarme  un  pesar? 
Voy  á  hacerte  sufrir  mucho. 
¿Amas  á  María? 

•  ¡Sí! 

¿Quieres  á  Ernesto?...  ;  Yo  no! 
¿Por  qué  tu  labio  juntó 
nombres  que  no  le  pedí? 
No  consigo  comprender 
que  razón  ni  que  pretesto 
enlaza  el  nombre  de  Ernesto 
al  nombre  de  mi  mujer. 
Es  el  mundo  maldiciente, 
y  como  Ernesto  en  tu  casa 
goza  de  un  favor  sin  tasa, 
ha  dado  en  hablar  la  gente. 
Pues  hacen  mal  en  hablar 
y  yo  no  se  lo  tolero, 
que  deben  á  los  que  quiero, 
por  ser  míos  respetar. 
Yo  cumplo  con  un  deber 
muy  difícil  de  cumplir. 
No  me  vengas  á  decir 
lo  que  no  quiero  saber. 
¡  No  me  traigas  del  montón 
de  babosas  el  veneno, 
que  podrías  con  su  cieno 
salpicar  mi  corazón ! 
Vine  á  ofrecerte  mi  ayuda 
contra  los  chismes  del  bando. 

¿No  ves  que  estás  engendrando 
en  mi  espíritu  la  duda? 
Deja  que  murmure  sorda 
en  su  cauce  la  corriente:  - 

¿  ay  del  llano  si  el  torrente 
espumoso  se  desborda  ! 


-  18  — 


Deja  cernerse  tranquila 
á  la  nube  cenicienta : 
¡  ay  de  mi  si  la  tormenta 
dá  luces  á  mi  pupila ! 
No  me  quites  la  ilusión 
de  que  es  mío  lo  que  ei  mío : 
¡  deja  á  la  nube  y  al  río 
quietos  en  mi  corazón  ! 

BivAS  Quiero  evitarte  la  mengua 

de  lo  que  dicen  las  gentes. 

Jaime        ¡  Pues  busca  á  los  maldicientes 
para  arrancarles  la  lengua ! 
La  calumnia  más  soez, 
la  especie  más  ponzoñosa, 
para  salir  de  su  fosa 
alas  pide  á  la  honradez. 
1  Quede  en  el  antro  que  incuba 
con  cieno  sus  tristes  galas ! 
¡  No  le  prestéis  vuestras  alas 
para  que  se  extienda  y  suba ! 
Su  grito  no  escucharán, 
si  sale  del  antro  el  grito ; 
pero  si  yo  lo  repito, 
¡  todos  ¡lo  repetirán  ! 
El  cuento  difamador 
no  es  el  que  inventa  un  malvado 
¡  es  el  chisme  comentado 
por  las  personas  de  honor ! 

Blas  ¿Y  si  tu  afrentosa  cruz 

fuese,  Jáime,  una  verdad? 

Jaime        Déjale  á  mi  oscuridad 
su  único  rayo  de  luz. 
Antes  de  escucharte,  había 
calor  en  mi  noche  oscura; 
¡  oyéndote,  mi  negrura 
se  há  vuelto  fría,  muy  fría ! 
La  oscuridad,  que  me  aploma, 
se  va  rasgando  veloz : 
¡ era  negra  y  á  tu  voz 


—  19  - 


matices  de  sangre  toma ! 
•as  ¿Y  tú  hijo? 

ime  ¿  Qué  le  habrá  dado 

tu  conseja  envenenada? 
¡  María  no  será  honrada, 
pero  Jáime  aun  es  honrado  ! 
Mientras  yo  nada  recele, 
no  hay  mancilla  que  me  cuadre : 
¡deja  á  la  honradez  del  padre 
que  por  el  pequeño  vele  ! 
Su  vida  es  sol  de  tristeza, 
y  no  tendrá  más  venturas, 
si  en  vez  de  dos  amarguras, 
con  dos  infamias  tropieza, 
Mi  honor  es  mío  y  en  mí 
aun  reside  mi  honor  todo : 
¡  no  agregues  montes  de  lodo 
á  las  sombras  que  hay  aquí ! 

/AS  Conserva,  pues,  la  ilusión 

que  á  ser  dichoso  te  ayuda. 

ime        ¡  No,  que  has  dejado  la  duda 
clavada  en  mi  corazón  ! 
i  De  dichas  hablando  estás? 
¿Dónde  abre  esa  flor  su  broche? 
¡  Ya  no  la  hallaré  en  mi  noche 
que  se  ha  oscurecido  más  ! 
¡  Ya  siempre  buscaré  en  vano 
lo  que  tú  mi  dicha  nombras  ! 
¡  Esa  dicha  eran  mis  sombras, 
calentadas  por  su  mano  ! 
¿Quién  de  mi  noche  sombría 
la  lobreguez  rasgará? 
I  Sobre  mí  no  nieva  ya 
la  blancura  de  María ! 

.as  ¡  Perdóname  !  No  debí 

aumentar  lo  que  padeces. 

jme         ¡  Cómo  creces,  cómo  creces, 
oh  noche,  dentro  de  mí ! 
¡  Cómo  agrandan  tu  crespón 


-  2Q  — 


de  mis  dudas  los  antojos! 
¡Oscuridad  de  mis  ojos, 
ya  llenas  mi  corazón ! 

ESCENA  QUINTA 
Dichos  y  María 
María        ¿Estorbo?...  Ya  estoy  aquí. 
Blas  (aparte)  \iEUa. ! 

Jaime  ¡  Ven,  ven  junto  á  mí ! 

que  tu  mano  entre  las  mías, 

delate  las  alegrías 

y  las  penas  que  hay  en  tí ! 

¡  Mírame,  que  aunque  no  vea 

de  tus  ojos  el  fulgor, 

tanto  el  alma  lo  desea 

que  su  brillo  cegador 

me  trasmitirá  tu  idea ! 

Háblame  y  oiga  tu  acento 

más  que  nunca  conmovido, 

que  cuando  tú  me  hablas  siento 

que  soy  ave  cuyo  nido 

se  encuentra  en  tu  pensamiento. 
María        ¿Qué  tienes,  Jaime?  ¿por  qué 

encuentro  tu  faz  turbada? 

(á  Blas)  ¿Qué  ha  pasado? 
Blas  i  No  lo  sé ! 

Jaime        ¡  No  es  nada,  mi  bien,  no  es  nada, 

no  es  nada,  serénate ! 

Si  te  quiero  con  pasión  ! 

Si  no  hay  dudas  ni  desvíos 

para  ti  en  mi  adoración  ! 

Si  es  mío,  ¿  verdad  que  es  mío, 

María,  tu  corazón? 

Si  en  mi  oscuridad  sombría, 

en  mi  inmensa  oscuridad, 

igual  que  antes  me  quería 

me  quiere  aún,  ¿no  es  verdad? 

es  alma  de  mi  ¡María ! 

Si  ya  sé  que  está  tan  fuerte 

mi  suerte  unida  á  tu  suerte, 


-  21  - 


que  cuando  rompa  estos  lazos, 

ha  de  encontrarme  la  muerte 

en  la  prisión  de  tus  brazos ! 
\ria        ¡  Sí,  Jaime,  sí ! 
¡íME  ¡  Sí  lo  creo  ! 

Si  adivina  mi  deseo 

toda,  toda  la  verdad  ! 

Sí,  sin  verte,  yo  te  veo 

cercada  de  claridad ! 

Sí  tu  eres  la  enredadera 

al  guindo  del  huerto  unida 

con  una  pasión  tan  fiera, 

que  arrancarla  de  allí  fuera 

quitar  á  los  dos  la  vida ! 

Del  guindo  por  las  raíces 

se  nutre  el  flotante  tul, 

y  los  dos  alzan  felices 

nidos,  susurros,  matices 

y  flores  al  cielo  azul. 

Con  un  haz  de  su  fulgor 

el  día  al  nacer  los  dora, 

y  en  la  noche  sin  calor 

cierra  más  la  trepadora 

sobre  el  árbol  su  verdor ! 

Y  caerá  el  árbol,  ya  seco, 

si  le  arrancáis  ese  fleco 

que  está  diciendo  —  ¡  te  amo !  — 

con  Un  ala  en  cada  hueco 

y  un  perfume  en  cada  ramo. 
laria        Sí,  Jaime,  sí ! 
UME  j  Sí  lo  sé  ! 

No  lo  digas,  calíate, 

perla  de  mi  negro  mar 

y  rosa  dormida  al  pie 

del  madero  del  altar  ! 

(á  Blás)  Tu  que  me  traes  los  rumores 

que  circulan  por  ahí 

como  lobos  ladradores, 

cuenta  á  los  calumniadores 


-  22 


como  vivimos  aquí ! 
;  Qué  ves  ?  Blancuras  de  armiño, 
un  pobre  ciego  y  un  niño, 
una  cuna  y  una  cruz, 
y  sobre  las  dos  la  luz 
inefable  del  cariño. 
En  mi  huerto,  la  canción 
de  las  tardas  estaciones, 
y  aquí  la  palpitación 
que  funde  tres  corazones 
en  un  sólo  corazón ! 
A  todos,  á  todos  di 
lo  que  has  visto,  lo  que  es  cierto : 
¡  que  ella  estaba  junto  á  mí, 
qeu  hay  perfumes  en  mi  huerto 
y  un  ángel  dormido  allí ! 
Que  los  viles  piensen  mal 
no  importa  á  los  que  son  puros: 
¡  nido  que  cimbra  el  terral, 
ojalá  fuesen  tus  muros 
muros  de  terso  cristal ! 
Blas  Yo  te  dije  lo  que  oí 

no  sé  donde,  ni  se  cuando. 
Hice  mal. 

María        (aparte)        (¡Pobre  de  mí!) 

Jaime         (aparte)  (Duda  que  me  estás  matando, 
¿cómo  librarme  de  tí? 
;  Dónde  iré  que  en  torno  mío 
tu  tul  no  sienta  flotar 
siempre  más  ancho  y  más  frío? 
i  Empezaste  siendo  río 
y  te  has  transformado  en  mar!) 

ESCENA  SEXTA 

Dichos  y  el  Doctor 
Blas  Adelante. 
María  ♦  Es  el  doctor. 

Doctor       ¿Y  mi  enfermo? 


-  25  - 


Ya  ha  olvidado 
los  seis  meses  que  ha  pasado 
en  lidia  con  el  dolor. 
Doctor       Todo  se  cura  con  calma 
y  un  poco  de  voluntad, 
cuando  está  la  enfermedad 
más  que  en  el  cuerpo  en  el  alma, 
Resignarse  es  lo  primero, 
con  el  mal  no  merecido, 
hasta  que  viene  el  olvido 
que  es  el  doctor  verdadero. 
¿Es  verdad  lo  que  nos  cuenta 
Ernesto  ?. . .  ¡  Pobre  mujer  ! 
Apartarse  del  deber 
es  chocar  con  la  tormenta. 
Ciegan  siempre  á  la  pasión 
de  la  locura  los  velos:  : 
"El  mayor  monstruo  los  celos", 
puso  á  un  drama  Calderón. 
Y  ha  muerto  ? 

Muerta  la  vi. 
y  aquel  cuadro  daba  pena: 
¡  aun  tengo  la  horrible  escena 
clavada,  señora,  aquí!  (pausa), 
(muy  detallado)  Escenario:  un  conventillo, 
rojo  suélo  de  ladrillo 
que  esparce  sangriento  hedor, 
y  sobre  un  lecho  sencillo 
la  imagen  del  Redentor. 
En  el  lecho  un  serafín, 
y  en  la  ventana  un  cristal 
que  colora  de  carmín 
la  refulgencia  espeqtral 
de  un  crepúsculo  sin  fin. 
Dormido  el  niño ;  en  el  suelo 
extendida  una  mujer, 
y  en  su  rostro,  que  es  de  hielo, 
una  lágrima  de  duelo 
que  n«  acaba  de  correr. 


-  24  - 


M  Allí  A 

Doctor 

Ernesto 

Jaime 


Sobre  la  humilde  ventana 

muestra  el  tiesto  de  un  rosal 

algunas  ñores  de  grana : 

cerca  del  niño,  una  anciana; 

junto  á  la  muerta,  un  puñal. 

Y  bajo  la  luz  incierta 

que  cae  temblando  del  cielo, 

la  mirada  de  la  muerta 

siempre  fija  y  siempre  abierta 

sobre  el  pobre  pequeñuelo. 

' — ¿  Quién  á  esta  mujer  mató?-— 

pregunto,  y  dice  la  anciana: 

—Ella  á  su  esposo  engañó, 

y  él,  loco,  la  asesinó 

por  celos  esta  mañana.— 

Se  va  la  sombra  agrandando 

en  ei  crisol  mal  bruñido: 

la  anciana  vela  rezando, 

la  muerta  sigue  llorando 

y  el  niño  sigue  dormido. 

—La  quería  con  locura,— 

luego  la  anciana  murmura, 

y  atravesando  el  crisol, 

besa  al  niño  sin  ventura 

la  postrera  luz  del  sol. 

Todo  después  queda  en  paz: 

se  borra  el  lampo  fugaz 

que  la  ventana  colora; 

la  lágrima  se  evapora 

del  cadáver  en  la  faz; 

y  guardando  al  niño  puro 

y  á  la  muerta  sin  pudor, 

¡  relumbra  sólo  en  lo  oscuro, 

sobre  lo  negro  del  muro, 

la  imagen  del  Redentor ! 

¡  Pobre  niño  sin  sostén  ! 

Ya  está  preso  el  criminal. 

Siendo  padre,  hizo  muy  mal. 

Si  era  honrado,  hizo  muy  bien. 


I 


-  25  - 

aria        Pero  el  huérfano...  Su  vida 
empieza  en  noche  nublada. 

3CT0R       No  comprendo  á  la  alborada 
de  roja  sangre  vestida. 
Cegaron  al  criminal 
de  la  muerta  los  desvíos : 
;  son  los  celos  más  bravios 
y  salvajes  que  un  chacal! 

ime        La  nube,  en  vapores  rica, 

aun  á  su  pesar  revienta : 

;  no  culpéis  á  la  tormenta, 

si  no  al  que  el  rayo  fabrica ! 

¿Un  hombre  venga  su  honor? 

i  Es  la  nube  que  se  raja! 

¡Si  el  rayo  fulgura  y  baja, 

no  culpéis  al  matador ! 
,as  ¿Y  del  niño  el  porvenir? 

¿  Quién  recogerá  su  lloro  ? 
ime        Por  amor  y  por  decoro 

hay  que  matar  ó  morir. 

Hay  que  evitar  que  se  ría 

de  lo  grande  de  tu  pena, 

el  que  en  la  amargura  ajena 

halla  ocasión  de  alegría; 

y  es  viril  romper  los  lazos 

que  enlazan  á  otro  hombre,  Blas, 

con  la  que  ya  no  verás 

ebria  de  gozo  en  tus  brazos. 
>ctor       Peligra  la  curación 

si  el  enfermo  se  acalora. 
aria        ¡Cobije  á  la  pecadora 

el  sudario  del  perdón  ! 
íNesto      (tomando  su  sombrero)  Basta  de  filosofía. 
ictor       (ídem)  Poco  con  ella  se  gana. 
as  (á  Ernesto)  Voy  contigo. 

>Ctor       (á  Jaime)  Hasta  mañana. 

ISe        Acompáñalos.  María. 


—  26  — 


ESCENA  SEPTIMA 
Jaime 

El  actor  se  levanta,  y  situándose  junto  á  la  venta 
dice : 

Dos  noche  tiene  mi  vida 

llenas  de  siniestro  horror, 

dos  noches  en  que  el  dolor 

gana  entera  la  partida; 

¡  lágrima  mal  contenida 

que  te  empeñas  en  rodar, 

no  calmarás  mi  pesar 

aunque  te  deje  correr, 

que  hay  llanto  en  mi  para  hacer 

diez  veces  más  hondo  el  mar  ! 

Una  noche,  la  tirana 

oscuridad  que  hay  en  mí, 

vino  á  sorprenderme  aquí, 

junto  á  esta  misma  ventana; 

y  hoy  la  duda,  que  se  afana 

por  dar  formas  al  delito, 

de  mis  ojos  lo  marchito 

coloca  en  mi  corazón, 

;  agregando  á  mi  crespón 

otro  crespón  infinito ! 

Era  muy  justo  que  hicieras 

doble  mi  noche  sombría; 

á  dos  cielos,  suerte  mía, 

corresponden  dos  cegueras. 

¡  Si  lo  azul  de  las  esferas 

que  del  ave  cruza  el  vuelo, 

cerraste  á  mi  ardiente  anhelo 

de  formas  y  de  color, 

sobre  lo  azul  de  mi  amor 

debes  tender  otro  velo  ! 

Xo  temas ;  no  gritaré 

por  muy  fuerte  que  me  hieras: 

acepto  tus  dos  cegueras 

y  con  las  dos  lucharé. 

Tras  la  verdad  correré 


-  27 


•    como  ciego,  sin  premura, 
y  si  en  mi  doble  negrura 
consigo  con  ella  dar, 
¡  prometo,  oh  suerte,  saciar 
tus  hambres  de  desventura ! 
{Escuchando)  Alguno  cruza  el  jardín. 
Son  ellos...  Suben...  ¡Mejor! 
¡  Verdad,  acepto  tu  horror 
con  tal  que  vengas  al  fin  ! 
¡O  con  tintes  de  jazmín 
vestida  consigo  verte, 
ó  le  probaré  á  la  suerte 
que  sé  cumplir  lo  pactado, 
entregando  ensangrentado 
lo  que  más  quiero  á  la  muerte  ! 
Aquí,  tras  esa  cortina, 
me  escondo  á  verte  nacer, 
verdad,  que  pudieras  ser 
el  rayo  que  nos  calcina. 
¡Ven;  no  tardes;  te  adivina 
entera  mi  corazón, 
y  espero  tu  aparición 
en  las  sombras  escondido, 
como  espera  el  tigre  herido 
la  zarpada  del  león ! 

ESCENA  OCTAVA 

te  (oculto).— Ernesto  y  María  (entran  hablando 
ya. — Toda  la  escena  con  voz  muy  contenida  y  apa- 


si  o  nada. 

ESTO 

1  Huyamos,  María  ! 

HA 

¡  No  ! 

ESTO 

¿No  ves  que  vas  á  perderte? 

HA 

Si  tarda  tanto  la  muerte, 

¡  no  tengo  la  culpa  yo  ! 

ESTO 

Mi  secreto  ya  no  es  mío. 

HA 

Ni  me  importa  ni  me  espanta. 

-  28  - 


Ernesto     ¡  Mira  que  á  tus  pies  levanta 
montes  de  espumas  el  rio ! 
Todo  lo  puede  arrasar 
de  las  aguas  el  empuje: 
¡  el  puente  se  dobla,  cruje, 
y  el  río  te  va  á  arrastrar ! 

María        ;  Dejarle  asi! 

Ernesto  Su  ceguera 

más  sinceridad  merece : 
;  traición  de  amor  se  engrandece 
cuando  es  franca  y  es  entera ! 

María        ;  Yo  soy  su  único  cariño  ! 

Ernesto     ¡  Mi  fé,  si  quieres,  le  inmolo ! 

María        ¿  Qué  hará  sólo,  siempre  sólo, 
junto  á  la  cuna  del  niño? 
¿  quién  sus  pasos  llevará 
desde  la  cuna  al  jardín? 
¿  quién,  de  su  noche  sin  fin, 
las  sombras  azulará? 

Ernesto     ;  No  me  quieres  ! 

María  ¡Con  pasión, 

con  languidez  infinita  ! 

Ernesto     Pues  refugíate  en  la  cita 
que  te  da  mi  corazón. 
Evítame  el  acechar, 
el  mentir  y  el  mal  querer: 
¡de  aquí  te  arroja  el  deber! 
¡  labra  tu  nido  en  mi  hogar  ! 
¡  Huyamos  pronto  ! 

María  ¡  No  puedo  ! 

Ernesto     ¡  Huyamos  por  ti  y  por  mí ! 

María        ¡  Para  arrancarme  de  aquí, 
le  faltan  fuerzas  al  miedo  ! 

Ernesto     No  irrites  á  tu  fortuna, 

que  obra  con  piedad  sin  tasa. 
Nada  existe  en  esta  casa 
que  te  retenga. 


-  29  - 


ría  ¡Su  cuna! 

«esto     i  Vale  muy  poco  un  cariño 

que  á  tantos  ruegos  me  obliga ! 

ría        ¿Dónde  iré  que  no  me  si^a 
la  dulce  voz  de  mi  niño? 
¿Qué  llevaría  á  tu  hogar 
mi  dolorosa  ternura? 
¡  Llevaría  la  amargura 
de  no  poderle  besar ! 
Mi  labio  no  te  mintió 
al  decir  que  te  quería; 
¡  pero  el  niño  se  alzaría 
implacable  entre  tú  y  yo ! 
Y  amargando  nuestros  gozos, 
si  te  sigo  y  si  te  creo, 
¡  me  fingirá  mi  deseo 
sus  risas  y  sus  sollozos ! 

nesto     Cese  tu  vacilación, 

olvidas  que  el  tiempo  vuela 
y  que  Jaime  ya  recela 
tu  ternura  y  mi  pasión; 
que  nos  van  á  delatar 
entregándote  á  la  muerte, 
sin  poder,  tú,  defenderte 
ni  poderte,  yo,  salvar. 

\ria        Perderte  á  tí...  ¡qué  dolor! 

perder  á  mi  hijo...  ¡no  quiero 
¡  Venga  la  muerte,  la  espero ! 
¡  Cuanto  más  pronto,  mejor  ! 

nesto     Pues  bien,  llévale  contigo 
que  al  cabo  es  mitad  de  ti, 
y  te  ama  mi  frenesí 
mucho  más  de  lo  que  digo. 
Llévale,  que  mi  pasión 
á  quererle  llegará, 
viendo  que  en  el  niño  está 
parte  de  tu  corazón. 
Llévale,  pero  en  seguida, 
y  piense  tu  calma  ciega, 


-v-SO- 


que  en  un  minuto  se  juega 
á  veces  toda  una  vida. 
María,  te  esperó  allí, 
concedo  cuando  me  pides ; 
pero  no  olvides,  no  olvides, 
que  yo  no  me  voy  sin  tí!  (váse). 


ESCENA  NOVENA 


Jaime  y  María 

María  ¡Jaime! 

Jaime  ¡  Sí,  y  es  cosa  fuerte 

hallar  donde  no  esperabas 
al  que  juzgas  que  es  tu  muerte! 
¡  Se  engañaba  y  te  engañabas ! 
i  No  más  iras!. . .  ¡'No  más  choques 
¡  Nada  mi  encono  dirá ! 
¡Eres  libre!...  ¡Vete  ya! 
¡  Vete,  pero  no  me  toques  1 

María        \  Perdón ! 

Jaime  Puede  la  traición 

de  aquellos  que  hemos  querido, 
confiar  en  el  olvido, 
pero  nunca  en  el  perdón. 
¡Ladrona,  más  que  ladrona 
que  has  penetrado  en  mi  hogar 
sólo  para  mancillar 
el  honor  de  que  blasona; 
yo  podría  perdonarte 
que  entre  las  sombras  me  hieras, 
pero  nunca  que  quisieras 
todas  mis  dichas  llevarte. 
¡  El  niño  que  duerme  allí 
es  médula  de  mis  huesos; 
ya  no  mancharán  tus  besos 
el  alma  que  yo  le  di ! 

María       ¡  Mi  hijo! 


-  51  ~ 


Iaimk  j  Suplicas  en  vano! 

Vi  aria  ¡Jaime! 

Jaime  ¡  Al  tocarme  deliras, 

que  se  embravecen  mis  iras 
con  el  roce  de  tu  mano ! 

María        ¡  Suéltame  !  j  Piedad  ! 

Jaime  ¿Piedad? 

¿  La  tenias  tú  de  mí 
al  abandonarme  aquí, 
solo  con  mi  oscuridad? 

María       ¡Me  haces  daño  ! 

¡¡Súfrelo 

en  castigo  de  tu  engaño, 
porque  más  ha  sido  el  daño 
que  tu  infamia  me  causó ! 

¡  Ernesto  ! 

¡Calla  y  advierte 
que  ya  nunca  le  verás ! 
¡  Ernesto ! 

¿No  ves  que  estás, 
mujer,  llamando  á  la  muerte? 
¡  Déjame ! 

(ahogándola)       ¡Mi  mano  sea 
mordaza  de  mi  baldón ! 
¡  Has  despertado  al  león 
y  de  ti  se  enseñorea ! 
¡  Recobra  todo  el  veneno 
que  en  mis  venas  has  vertido, 
víbora  que  te  has  nutrido 
con  la  sangre  de  mi  seno ! 

ESCENA  ULTIMA 
Jaime,  Blas  y  María  (muerta) 
¡Jaime!...  ¡María!...  ¡  Está  yerta  ! 
¿Cómo  ha  sido? 

]  No  lo  sé ! 


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Blas  Dí  con  Ernesto  en  tu  puerta 

y  todo  lo  adiviné. 

Jaime        ¡  Muerta*  como  el  día  muerta  ! 
Ahora  sí  se  apagó  el  fuego 
que  llenaba  de  haces  rojos 
la  noche  por  que  navego : 
¡  Ahora  sí,  luz  de  mis  ojos, 
que  estoy  para  siempre  ciego ! 


TELON 


Librería  Teatral  "APOLO 

Corrientes  1361 

Buenos  Aires 

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